Por Néstor Estévez
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Durante años, la sostenibilidad y la responsabilidad social fueron tratadas como anexos reputacionales: desde donaciones hasta campañas, pero desconectadas del corazón del negocio. Incluso, muchos negocios la asumían porque a su dueño “le gustaba eso”.
Pero todo sigue cambiando. Hoy, esa lógica quedó atrás. La experiencia mexicana y los avances —todavía incipientes pero prometedores— en República Dominicana confirman una verdad cada vez más evidente: las empresas que no integren la sostenibilidad en su estrategia central están comprometiendo su futuro.
El debate ya no es si las empresas deben involucrarse en proyectos sociales, ambientales o comunitarios. La pregunta real es cómo hacerlo con rigor, impacto y coherencia, evitando la filantropía superficial y la hipocresía corporativa; apostando por transformaciones medibles.
Impulsando buenas prácticas
El Ranking de Empresas Responsables 2025, impulsado por Expansión México, ofrece una señal clara de hacia dónde se mueve el estándar empresarial. No se trata de buenas intenciones, sino de evidencia. Las empresas evaluadas son medidas a partir de indicadores concretos de gobernanza, impacto ambiental, relaciones laborales, ética corporativa y transparencia.
Este enfoque tiene un valor estratégico clave: convierte la sostenibilidad en un criterio de desempeño, comparable, auditable y sujeto a mejora continua. Al hacerlo, “eleva la vara” para todo el ecosistema empresarial. Las compañías que lideran el ranking no solo fortalecen su reputación, sino que acceden a mejores condiciones de financiamiento, consolidan la confianza de inversionistas y construyen relaciones más sólidas con consumidores y comunidades.
En otras palabras, la sostenibilidad deja de ser un gasto y se convierte en una inversión inteligente.
Hay que hacer la tarea
En el contexto dominicano, el desafío es distinto. Aquí, más que competir en rankings, el reto consiste en ampliar la base empresarial que comprende, adopta y gestiona la sostenibilidad de manera estructurada. En ese sentido, la plataforma Empresas Sostenibles cumple un rol fundamental.
Esta iniciativa —impulsada por el Consejo Nacional de la Empresa Privada y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo— pone el énfasis en algo clave: ofrecer herramientas prácticas, diagnósticos accesibles y rutas claras para que empresas de todos los tamaños puedan comenzar o profundizar su transición hacia modelos más responsables.
Un indicativo estimulante es el reciente reconocimiento a algunas iniciativas empresariales con prácticas prometedoras.
¿Sabías que la sostenibilidad ya no es opcional?
Para muchas empresas, especialmente medianas y pequeñas, aún persiste la idea de que la sostenibilidad es un lujo reservado a grandes corporaciones. Esa percepción es peligrosa y errónea.
Primero, porque los riesgos ambientales y sociales no distinguen tamaño empresarial. La escasez de agua, la vulnerabilidad climática, la informalidad laboral o la conflictividad comunitaria afectan a todos los actores productivos.
Segundo, porque los mercados están cambiando. Clientes, aliados comerciales e inversionistas exigen cada vez más trazabilidad, ética y responsabilidad. Quien no pueda demostrar prácticas mínimas de sostenibilidad quedará progresivamente fuera de cadenas de valor más exigentes.
Tercero, porque integrar criterios sociales y ambientales mejora la eficiencia interna: reduce desperdicios, optimiza procesos, fortalece la relación con el talento humano y disminuye riesgos legales y reputacionales.
Del dicho al hecho
Asumir la sostenibilidad no implica replicar modelos ajenos ni adoptar agendas abstractas. Implica identificar qué impactos genera cada empresa en su entorno y actuar en consecuencia. Puede ser:
– Programas de eficiencia energética o gestión responsable del agua.
– Proyectos de formación técnica para jóvenes de comunidades cercanas.
– Políticas laborales más inclusivas y equitativas.
– Alianzas con gobiernos locales y organizaciones sociales para fortalecer el desarrollo territorial.
Lo importante no es la magnitud inicial, sino la coherencia, la medición y la continuidad.
¿Avanzamos?
La comparación entre México y República Dominicana deja una lección clara: no existe una única vía hacia la sostenibilidad, pero sí un principio común: la responsabilidad empresarial dejó de ser gesto voluntario para convertirse en una condición de legitimidad social.
La República Dominicana necesita más empresas que entiendan que su éxito está íntimamente ligado al bienestar de los territorios donde operan. Requiere empresas que pasen del cumplimiento mínimo a la contribución activa. Merece empresas que no esperen regulaciones externas para hacer lo correcto.
La sostenibilidad no es una carga. Es una oportunidad para construir negocios más resilientes, sociedades cohesionadas y un desarrollo que realmente merezca ese nombre.

